¿Se puede comer carne y respetar el medio ambiente?

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No todos los tipos de ganadería son iguales. De hecho, son radicalmente diferentes: en principios y valores, en sus modelos de producción, implicación de recursos y en el producto final que llega a la mesa del consumidor. 

Para empezar, existen dos grandes grupos: la explotación de ganadería intensiva y la ganadería extensiva

La ganadería intensiva (también conocida como industrial o moderna), se orienta al máximo rendimiento de la producción, con poca participación de mano de obra y en la que el ganado es cebado con piensos procesados; mientras que la ganadería extensiva, está basada en técnicas tradicionales de cría y pastoreo, con importante participación de mano de obra y limitada intervención de procesos artificiales, en firme apuesta por la responsable producción y consumo de carne.

Las ventajas de la ganadería extensiva sobre la intensiva son cada día más relevantes. Así lo ha dejado en claro el Grupo Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC) en el informe presentado en agosto de 2019, puesto que el modelo de ganadería en extensivo se presenta como la alternativa más sostenible, gracias a sus bajas emisiones de gases de efecto invernadero y prácticas respetuosas con el medio ambiente, con el bienestar animal, con las comunidades rurales y con el consumidor final.

 

5 grandes beneficios de la ganadería extensiva

La mencionada comisión de expertos de la ONU en la lucha contra el cambio climático, señala a la ganadería extensiva como una alternativa más respetuosa con el medio ambiente, pero lo cierto es que éste modelo implica, además, muchos otros beneficios. A continuación, cinco beneficios del modelo de ganadería en extensivo:

1. Sostenibilidad medioambiental:

La actividad ganadera en extensivo, la que se ilustra en imágenes de vacunos pastando al aire libre, genera bajas emisiones de gases de efecto invernadero, incomparables con los generados por las prácticas de ganadería en intensivo y menos aún con los de otros sectores altamente contaminantes como lo son la industria eléctrica y el transporte.

2. Bienestar animal:

Los animales se crían, alimentan y desplazan libremente, en armonía con su entorno y en equilibrio perfecto con la naturaleza. Es el caso de los bueyes de Valles del Esla, que se pasan la mayor parte de su vida entre los pastizales de la alta montaña leonesa, ejercitándose a más de 1000 m de altura.

3. Carne más sana y nutritiva:

El perfil nutricional de la llamada carne de pasto, basada en la alimentación natural del vacuno, es mucho más rico que el de la carne convencional y con beneficios excepcionales para la salud del consumidor como, por ejemplo, la presencia de ácidos grasos con Omega 3.

4. Equilibrio natural:

Colabora con el mantenimiento de los paisajes, del equilibrio medioambiental y la biodiversidad, a la vez que favorece el cuidado del territorio evitando la generación y propagación de incendios forestales.

5. Positivo impacto social:

Con la industrialización de los procesos, la empleabilidad y calidad de vida en el medio rural se ha visto negativamente  afectada puesto que su modelo de producción se basa más en el uso de la tecnología que en el de la mano de obra. Con la ganadería extensiva, en cambio, pasa exactamente lo contrario, pues genera trabajo en el ambiente rural y con ello promueve el desarrollo económico y mejora la vida en el campo.

 

Valles del Esla: comprometido con el medio ambiente.

Nos preocupa nuestro producto y nuestro entorno. Estas inquietudes forman parte de la filosofía que nos guía desde hace más de 13 años cuando asumimos el reto de criar bueyes bajo un modelo estrictamente extensivo. De aquí que nos convertimos en la primera ganadería en España en recibir las certificaciones ISO 9001:2015, por el aseguramiento de la calidad, e ISO 14001:2015, por gestión medioambiental.  

Nuestro ganado pasta libre en la Montaña de León, garantizando la recuperación y conservación de la montaña leonesa, en equilibrio entre las zonas de fácil acceso con aquellas que no lo son tanto.

 

La solución medioambiental según el IPCC 219.

En un estudio en el que participaron más de 100 expertos de 52 países, el IPCC señaló que la lucha contra el cambio climático empieza por un cambio de conciencia y de hábitos, entre ellos los alimentarios, dando prioridad a las “dietas equilibradas” basadas en el consumo de alimentos de origen vegetal; como frutas, verduras, cereales y legumbres; y alimentos de origen animal, pero producidos de manera sostenible, con menor impacto sobre el medio ambiente. 

En otro orden de ideas, la comisión especializada perteneciente a la ONU denuncia que el derroche de alimentos representa el 10% de la emisión de todos los gases contaminantes producidos por el ser humano, lo que incluye tanto el sobreconsumo como la cantidad de alimentos que terminan en el contenedor de basura, y que en España superan los 1300 millones de kilos al año. 

 


Sí se puede comer carne roja y ser respetuoso con el medio ambiente. Para nuestra salud, lo importante es procurar llevar una dieta equilibrada, compuesta por alimentos tanto de origen vegetal como animal y, para el planeta, evolucionar en consciencia y responsabilidad acerca de los recursos que consumimos.


Valles del Esla | agosto 13, 2019

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