Juanjo López: «Hasta pronto, amigos»

Después de los artículos que he estado escribiendo desde esta pequeña esquina, no podía despedirme sin hablar de mi experiencia y de lo que significa colaborar con una marca como es Valles del Esla. 

Aquellos que me conocen saben de mi poca aceptación a representar marcas o productos en el mundo de la gastronomía. La razón es obvia, represento un local pequeño, con una historia detrás, donde el producto es el principal protagonista de la cocina.

Por ello la independencia es un valor incuestionable para mí a la hora de emitir cualquier valoración que pueda afectar a la imagen de mi restaurante. Pero en el caso de la colaboración con VALLES DEL ESLA ha sido todo lo contrario. Desde mi primer contacto con ellos sabía que estábamos hablando en el mismo idioma: producto, calidad y honestidad. 

De visita en la montaña de León

Mi primer viaje a León estuvo marcado por la grata sorpresa de encontrarme con personas que hablaban desde la verdad y la autenticidad. Un equipo humano volcado en un proyecto precioso. Preocupados de que cada buey tuviese todos los cuidados posibles.

En una estampa en la que pareciese que el tiempo se hubiese detenido y hubiésemos vuelto a la época del pastoreo, cuidados en origen en las tierras altas, alimentados y sacrificados con la dignidad que tanto cuidado conlleva.

El matadero sorprende por su limpieza y organización, así como por tener al frente a una de las personas de las que más he aprendido del buey, de sus cuidados, cortes y despieces. Una persona que convierte un matadero en un centro de investigación y cuidado del buey. 

En la parte de la distribución, merece la pena destacar la importancia que le dan a sus distribuidores. Preocupados en que éstos sean los perfectos prescriptores para todos aquellos neófitos y no tan expertos que acudimos a comprar alguna vez al mercado. Su asesoramiento será clave para acertar en cuál será el corte o pieza más adecuada para nuestro plato. 

En definitiva, estamos hablando en estos tiempos de mercadotecnia en el mundo de las carnes, donde a veces se nos hace difícil saber exactamente origen y procedencias, de un proyecto con alma, mimo y cuidado. Un proyecto donde el protagonista es, en definitiva, el buey y el cliente como elemento final, que disfruta del producto, de un equipo mágico, de principio a fin. 

«Gracias, Valles del Esla»

No he querido dar nombres, porque todos son pieza fundamental de un gran equipo y todos son necesarios y a la vez únicos, pero sí quería dar las gracias a MARTA. Marta, que conozco no es amiga de hablar ni de aparecer en medios, pero sí quiero reconocer el mérito que tiene. Llevar un proyecto de esta envergadura donde la pasión y el respeto a la tradición nos aporta la máxima felicidad, a través de esta empresa: VALLES DEL ESLA, donde, repito, el animal, la sostenibilidad, el equipo, el respeto a la tradición y la pasión se ponen a trabajar para nuestro máximo disfrute.

Ésto, en los tiempos que corren, es muy de agradecer. 

Gracias, VALLES DEL ESLA, por haberme permitido asomarme a vuestras ventanas y hacerme sentir parte de vuestra familia.


Valles del Esla | noviembre 6, 2020

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